Antes que nada, el dato que condiciona todo lo demás: la Tarjeta WiZink Plus está descatalogada. Nuestra ficha sitúa en agosto de 2026 el momento en que el emisor dejó de comercializarla, de modo que este análisis está escrito para quien ya la lleva en la cartera y no para quien busca alta nueva. Fue una Mastercard Classic revolving sin cuota anual, con un 3 % de devolución topado en 72 € anuales y una TAE del 21,94 % en el pago aplazado. Veredicto: razonable pagando siempre el total, cara en cuanto se aplazaba.
Qué es esta tarjeta
La emitía WiZink, el banco español especializado en tarjetas y depósitos que opera sin red de oficinas, y funcionaba sobre la red Mastercard, con aceptación en prácticamente cualquier comercio físico u online. Dentro del catálogo del emisor ocupaba la categoría Classic: producto de entrada, sin pretensiones premium y sin acceso a salas VIP de aeropuerto.
Conviene precisar qué era exactamente, porque el encuadre cambia las consecuencias para el bolsillo. No era una tarjeta de débito ni un producto de prepago: era una tarjeta de crédito en sentido estricto, con una línea de crédito propia e independiente del saldo de la cuenta corriente, y pertenecía a la familia de las revolving. Eso significa que su modalidad natural de liquidación no consiste en pagar todo a fin de mes, sino en devolver cada mes una fracción de lo gastado mientras el resto de la deuda sigue viva y generando intereses. Casi todo lo bueno y todo lo malo de esta tarjeta se explica desde ahí.
El posicionamiento comercial era el de la captación directa. No exigía domiciliar la nómina ni contratar ningún otro producto del banco, se pedía por internet y su reclamo principal era la combinación de coste de tenencia cero con una devolución del 3 % en dos categorías de gasto elegidas por el titular. Ese planteamiento la convirtió en una segunda tarjeta habitual en muchas carteras, complementaria de la del banco principal. Ese ciclo está cerrado: ya no se comercializa, y los datos que siguen sirven para entender lo que uno tiene contratado, no para decidir un alta.
Cuota anual y costes reales
La cuota anual era de 0 €, sin cuota de emisión, sin cuota de mantenimiento y sin cargo mensual. Ese cero sí lo publicaba el emisor, y tampoco había truco de primer año gratuito seguido de cobro posterior: el importe del ejercicio inicial coincidía con el de todos los siguientes. Una WiZink Plus guardada en un cajón y sin movimientos no generaba cargo alguno, y esa es la razón por la que muchos titulares la conservan todavía.
El coste real aparece en cuanto se usa fuera del pago corriente en comercio. La disposición de efectivo se llevaba un 4,5 % con un mínimo de 5 €, y encima de esa cifra se repercutía el 100 % de la comisión que cobrase el cajero ajeno. Con números: sacar 200 € costaba 9 € por la parte del emisor más lo que cobrase el titular del cajero; sacar 100 € costaba 5 € por efecto del mínimo, es decir, un 5 % efectivo. A ello hay que añadir que en las tarjetas revolving el efectivo suele empezar a devengar intereses desde el primer día, sin ningún margen de cortesía. Sacar dinero con esta tarjeta era, sencillamente, una mala idea.
Las compras en divisa distinta del euro cargaban un 3,7 %. Traducido: 37 € por cada 1.000 € gastados en un viaje fuera de la zona euro, un peaje que las tarjetas de las fintech llevan años eliminando y que aquí seguía intacto. El impago tenía su propia tarifa: 30 € el primer periodo de facturación impagado y 42 € los sucesivos, cargos que se acumulan a los intereses ordinarios y que convierten un descuido en una bola difícil de parar.
Dos conceptos que el lector esperará encontrar aquí no están, y no vamos a rellenarlos: el límite de crédito y el eventual periodo de liquidación sin intereses no los publica el emisor. Cualquier cifra que circule sobre ellos debe contrastarse con el folleto de tarifas oficial y con el contrato firmado en su día.
| Concepto | Coste |
|---|---|
| Cuota anual | 0 € |
| Cuota de emisión y de mantenimiento | 0 € |
| Cuota mensual | 0 € |
| Cuota del primer año | 0 € |
| Disposición de efectivo | 4,5 % mín. 5 € (más el 100 % de la comisión del cajero ajeno) |
| Compras en divisa distinta del euro | 3,7 % |
| Impago | 30 € el primer periodo de facturación impagado; 42 € los sucesivos |
| Tipo nominal del pago aplazado | 20 % |
| TAE del pago aplazado | 21,94 % |
| Límite de crédito | No publicado por el emisor |
| Periodo de liquidación sin intereses | No publicado por el emisor |
TAE, TIN y pago aplazado
El aplazamiento de la WiZink Plus se remuneraba a un TIN del 20 %, equivalente a una TAE del 21,94 %. La cifra que importa es la segunda, porque incorpora el efecto de la capitalización a lo largo del año y permite comparar productos entre sí; el tipo nominal, aislado, siempre parece más benigno de lo que resulta ser.
Hagamos el ejemplo con los números de la ficha y sin inventar ninguno. Supongamos 1.000 € de compras llevados al pago aplazado. Al tipo nominal del 20 % anual, el primer mes ese saldo genera del orden de 16,67 € de intereses. Si la deuda se mantuviera viva un año completo sin amortizar, el coste rondaría los 219 € aplicando la TAE del 21,94 % sobre el capital. Y aquí está el mecanismo que hace peligrosa la modalidad revolving: como la cuota mensual suele ser reducida, buena parte de ella se va en intereses y el capital baja muy despacio, de manera que el mismo saldo puede seguir ahí dos, tres o cuatro años más tarde.
La comparación más elocuente es interna. La devolución del 3 % estaba topada en 72 € al año; ese premio anual completo se evapora en poco más de cuatro meses de intereses sobre un saldo aplazado de 1.000 €. Una tarjeta que devuelve por un lado nunca compensa lo que cobra por el otro, y esta no es la excepción.
El contrapeso era el fraccionamiento comercial: pagar en tres meses sin intereses hasta 1.000 €, según recogen los destacados del producto. Bien usado —una compra grande y puntual, repartida en tres plazos y amortizada del todo— es un instrumento útil y gratuito. El error consiste en confundirlo con el aplazamiento ordinario, que es donde se aplica el 21,94 %.
Sobre la legalidad de estos tipos conviene ser preciso, porque circula mucha confusión. En España no existe un tipo máximo legal de TAE para tarjetas: la referencia es la Ley de Represión de la Usura de 1908 y la doctrina del Tribunal Supremo sobre revolving, que compara el tipo aplicado con el tipo medio del mismo tipo de producto según las estadísticas del Banco de España en el momento de la contratación. Una TAE del 21,94 % se sitúa en la horquilla habitual del segmento revolving español y no puede calificarse de ilegal por sí sola; determinar si un tipo concreto resulta usurario es una valoración judicial caso por caso, y no algo que un comparador pueda decidir.
Ventajas principales
Devolución del 3 %. El programa devolvía un 3 % en las principales marcas de dos categorías elegidas por el titular entre Alimentación, Moda, Viajes y Ocio, con un tope de 6 € al mes y 72 € al año. El tope define el programa mucho mejor que el porcentaje: 6 € mensuales al 3 % equivalen a 200 € de gasto bonificado al mes, y a partir de ese punto la devolución es cero. Para una compra familiar semanal en el supermercado, el techo se alcanza pronto. Es un extra simpático, no un motivo de peso para elegir una tarjeta.
Programa de puntos. No había. El emisor no asociaba a esta tarjeta ningún esquema de puntos, millas ni catálogo de canje, de modo que toda la propuesta de valor se concentraba en la devolución en efectivo.
Seguros. La cobertura verificada es un seguro de protección de compras, aplicable tanto a compras físicas como online. Merece la pena señalar una discrepancia que hemos encontrado: algunos argumentarios comerciales hablan de seguros de viaje, pero la relación de coberturas auditada solo recoge la protección de compras, y nuestro propio análisis de puntos débiles apunta la ausencia de seguro de viaje y de asistencia. Quien necesite saber si dispone o no de cobertura en viaje debe comprobarlo en las condiciones generales de su contrato y en el folleto de tarifas oficial, nunca en un folleto publicitario.
Pagos móviles y digitales. Aquí la tarjeta estaba bien resuelta: contactless, tarjeta virtual para compras online, compatibilidad con Apple Pay y Google Pay, y soporte de Bizum. Para el uso cotidiano en España no le faltaba nada relevante en este terreno.
Lo que no incluía. Sin salas VIP de aeropuerto, sin ventaja alguna en el cambio de divisa y sin seguro de viaje acreditado. Como tarjeta de viajes no competía, y no pretendía hacerlo.
Requisitos para solicitarla
Este es el apartado donde más se inventa en internet, así que vamos con cautela. WiZink no publicaba ninguna cifra de ingresos mínimos para esta tarjeta. Quien vea circular una cantidad concreta debe saber que no procede del emisor. La aprobación no dependía de superar un umbral publicado, sino del análisis de riesgo de cada solicitante: el historial de deuda registrado en la CIRBE del Banco de España, la capacidad de pago una vez descontados los compromisos ya asumidos, la estabilidad laboral y la ausencia de anotaciones en ficheros de morosidad.
El límite de crédito seguía la misma lógica: no se publicaba ni un mínimo ni un máximo, se fijaba individualmente en función de ese mismo análisis y podía revisarse después al alza o a la baja. Nuestra ficha tampoco recoge una lista formal de documentación exigida, así que lo único que puede afirmarse con seguridad son los requisitos generales de cualquier contrato de crédito en España: mayoría de edad, residencia en el país y una cuenta bancaria donde domiciliar la liquidación mensual. Todo lo demás pertenece al contrato de cada titular.
| Requisito | Condición |
|---|---|
| Edad | Mayoría de edad (18 años), exigencia general para contratar crédito en España |
| Residencia | Residencia en España |
| Ingresos mínimos | El emisor no publica ninguna cifra |
| Límite de crédito | No publicado; se fijaba de forma individual |
| Evaluación de solvencia | Historial en la CIRBE del Banco de España, capacidad de pago y estabilidad laboral |
| Documentación | No detallada en la ficha; consúltese el folleto de tarifas oficial |
| Estado del producto | Descatalogada: no admite nuevas altas |
Puntos fuertes y débiles
Con perspectiva, la WiZink Plus hacía bien tres cosas y hacía mal otras tantas. Lo mejor era su honestidad en el coste de tenencia: cero de verdad, sin vinculación, sin nómina domiciliada y sin gasto mínimo para librarse de un cargo. Una tarjeta de reserva que no cuesta nada tener es un activo defendible en cualquier cartera. El fraccionamiento sin intereses hasta 1.000 € en tres meses era el segundo acierto, siempre que se usara como lo que es. Y el equipamiento digital —tarjeta virtual, pagos móviles, Bizum— estaba a la altura de lo que se pide hoy.
La cara débil pesa más. El coste del aplazamiento, con una TAE del 21,94 %, es el problema estructural: la modalidad que da nombre al producto es también la que lo hace caro, y no existe manera de suavizarlo con un uso inteligente que no consista, precisamente, en no aplazar. La devolución del 3 % suena bien hasta que se lee el tope de 72 € al año, que la deja en gesto simbólico. El efectivo estaba castigado por partida doble, con el 4,5 % y mínimo de 5 € más la comisión del cajero ajeno. La cobertura de seguros se limita a la protección de compras, sin viaje ni asistencia, un equipamiento pobre incluso para una Classic. Y el 3,7 % en divisa la descarta como tarjeta de viaje. A todo ello se suma ahora lo definitivo: está descatalogada, así que ya no habrá mejoras de producto, ni campañas, ni evolución de las condiciones a favor del titular.
Para quién merece la pena (y para quién no)
Como el producto ya no admite altas, la pregunta útil ha cambiado: no es a quién le conviene contratarla, sino a quién le conviene conservarla mientras el emisor la mantenga operativa. Tres perfiles concretos.
El titular que paga siempre el total y compra en sus dos categorías. Para él la tarjeta sigue siendo un buen instrumento residual. No paga cuota, cobra hasta 6 € al mes de devolución, tiene tarjeta virtual y pagos móviles, y nunca toca el 21,94 % porque no aplaza. Le conviene revisar cada año que las dos categorías elegidas siguen siendo las que más gasto concentran y comprobar en su liquidación mensual que la modalidad contratada es la de pago total, no la aplazada.
El titular que arrastra saldo aplazado mes a mes. Este es el perfil para el que la tarjeta nunca fue una buena idea, y el que más tiene que hacer ahora. La prioridad es amortizar: cada mes que la deuda permanece viva se llevan del orden de 16,67 € por cada 1.000 € de saldo, y el tope anual de devolución no cubre ni una parte de eso. Merece la pena pedir al banco el cuadro de amortización, valorar cambiar la modalidad a pago total y, si el importe es grande, comparar el coste con el de un préstamo personal ordinario, que suele salir bastante más barato que una revolving.
El viajero y quien necesita efectivo. Para este perfil la respuesta es directa: no la use. El 3,7 % en divisa y el 4,5 % con mínimo de 5 € en cajero, más la comisión del cajero ajeno, la convierten en una de las peores compañeras de viaje posibles. Que la tarjeta no cueste nada tenerla no significa que salga gratis usarla, y aquí la diferencia frente a alternativas sin comisión de cambio se cuenta en decenas de euros por viaje.
Cómo solicitarla
No se puede contratar. La tarjeta está descatalogada, nuestra ficha sitúa el cese de comercialización en agosto de 2026 y no existe proceso de alta que explicar. Si alguien se topa con una página que prometa tramitarla, conviene desconfiar: suelen ser residuos de campañas de afiliación o intentos de captar datos personales.
Lo que sí tiene sentido es una lista de comprobación para quien es titular. Primero, entrar en el área de cliente y confirmar en qué modalidad de pago está la tarjeta —total o aplazada—, porque es el dato que determina si cuesta dinero o no. Segundo, revisar el saldo aplazado pendiente y, si existe, plantear su amortización. Tercero, descargar los extractos y justificantes mientras haya acceso. Cuarto, localizar dónde está dada de alta la tarjeta —Apple Pay, Google Pay, suscripciones y pagos recurrentes— para no llevarse un susto el día en que el emisor decida no renovarla. Y quinto, confirmar directamente con el banco hasta cuándo mantiene el servicio y qué ocurre con la devolución acumulada.
La referencia oficial del emisor que consta en nuestra auditoría es la página de tarjetas de crédito de WiZink. Cualquier condición que haya que acreditar debe salir del folleto de tarifas oficial y del contrato firmado, no de este ni de ningún otro resumen. Si surge una discrepancia y no hay acuerdo con el servicio de atención al cliente, la vía siguiente es el servicio de reclamaciones del Banco de España.
Conclusión editorial
La WiZink Plus fue un producto coherente con su época: sin cuota anual, fácil de conseguir sin vincularse a un banco, bien equipada en lo digital y con un incentivo de devolución modesto pero real. Como tarjeta secundaria de quien paga el total cada mes, cumplía; le concedemos por ello una valoración de 4 sobre 5 referida a lo que fue, no a lo que ofrece hoy a un cliente nuevo, que no es nada porque ya no se comercializa.
Sus límites tampoco admiten discusión. El aplazamiento al 21,94 % es caro y el tope de 72 € anuales de devolución no lo compensa ni de lejos; el efectivo y la divisa están penalizados; la cobertura de seguros se queda en la protección de compras; y el emisor nunca publicó ingresos mínimos ni límites de crédito, así que cualquier cifra que circule sobre esos conceptos hay que tratarla como lo que es: un dato sin fuente. Para el titular actual, la recomendación es sencilla y aburrida: pagar el total cada mes, no sacar efectivo, no usarla fuera del euro y tener localizada una alternativa para el día en que el banco decida cerrar el producto.
Análisis actualizado en agosto de 2026 a partir del folleto de tarifas oficial y de las condiciones publicadas por el emisor.